Elegí ir por donde más te guste...

1.9.09

Regodeo adolescente

Para Iri.

Siempre hago lo mismo: necesito sólo un detalle para armar una multiplicidad de historias que me dejan rayando en la obsesión. Ahora me duele la panza, como me dolía antes (el problema se presenta cuando esas historias se disparan hacia la fabulación de posibles interpretaciones de mis acciones realizadas a mitad de camino entre lo laboral y otra cosa). Fue mi forma de ser adolescente: no se si drama o tragedia, todo parecía marcar la necesidad de un arma en la boca. Siempre creé autofiguraciones muy fuertes, mezcla de hollywood y literatura barata o moralista, que me dejaban con un par de lentes falsos sentada con mi libro en la puerta del salón. En ese momento pensaba, que el éxito profesional era la manera de enfrentar el desengaño amoroso (la otra manera era vender una imágen de mí que se alejaba mucho más de lo que yo era en realidad, si es que era algo en realidad antes de mis desengaños amorosos). El otro día, en medio de un día de sol y un asado, de un mediodía saeriano que se arruinaba por la masividad y el humo, me enteré de que mi autofiguración había sido comprada en su totalidad. Si puede parecerle raro a mis amigos de después que yo haya incursionado los caminos del amor futbolístico, al chico que me aprisionaba contra una pared un sábado a la noche del 99 parece que le gusta saber que esas piernas que recorria con manos ansiosas cada vez más hacia arriba son las mismas que pudieron sostener un número que exigía fotos en los diarios.
En esta entrada hay cierto regodeo, lo sé, pero espero que se compense con la exposición detallada de la estrategia.

27.8.09

Política strictu sensu

Cuando Reutemann comienza a decir que está deprimido y Latorre vota a favor de los superpoderes, la teoría de dominación marxista se te cae y tenés que empezar a leer Deleuze.

Una año de intensa escritura (o sobre cómo se cae la cola a medida que pasan los años)

Supongamos que me creo. Entonces todo lo virtual, no es que se vuelva real, sino que simplemente se materializa. Se vuelve lo duro que choca contra mi cuerpo y calma estas ganas locas de hacer no sé que. No calma, satisface. La calma no es un estado que me pertenezca, como tampoco me pertenece el tiempo. Desconfio tanto de mi cola, de mis pechos, de mis piernas.
Es que descompongo mi imagen en el espejo, y todo se vuelve grande. Hasta la cabeza. Y eso que dicen que cuanto más uno lo usa mas chico se vuelve el cerebro. Hace una semana que lo uso como loca (locas ganas, usar como loca, diría mi analista) y sin embargo mi cabeza se agranda. Será que ahora no acaricio el índice, sino que acaricio otras cosas.
El calor nos lleva a hacer nidos y a reproducirnos. Las torcacitas andan como locas, poco les falta para anidar sobre nuestros cactus. Estoy a medio camino de ambos. No me reproduzco pero tengo estas ganas de hacer todo, de subirme a los tacos que ya reservé. Tengo el espacio además,pero nos faltan los ladrillos (decir paja sería muy vulgar para esta lengua que acaricia la internet).
El año pasado en este momento estaba en Rio de Janeiro y llovía sin parar. Dentro de menos de un mes cumplo 28 años. Ya hace un año que llevo este blog y así rompí mi record personal. Me queda todo: plantar el arbol, tener el hijo, escribir el libro. En mí el refrán es literal. Si pudiera viajar a París, eso me obligaría a en parte a cerrar la boca. Por eso es un exceso. Ya no tendría París. Insisto: sin intensidades no se puede escribir.

21.8.09

Hueco

Estoy obsesionada con las fechas. Las fotocopias quedan abarrotadas de circulos amarillos o verdes, depende de la tinta, que encierran siempre cuatro números o un número de cuatro cifras (cuando hablan de décadas o se refieren a los años tanto me obligan a realizar una línea curvada por debajo, encerrar tanta cantidad sería un esperpento). Busco huecos, vacíos, anacronismos. Puedo empezar a decir ciertas temporalidades, a justificar ciertos movimientos, siempre nadando en el temor de que el tiempo no alcance (en ambos sentidos).
Después estoy sentada no en el borde sino en el medio de la noche. Ya no tengo un cuerpo pequeño. Las dimensiones desbordan la ropa por todos los costados. En este último tiempo, lo órganico se ha vuelto pesado. Pesa en todas partes: en la balanza, en la cabeza, en las letras. Leer sobre cerebros disecados me parece una idiotez. Que la gente quiera encerrarme en estereotipos preformateados por algún éxito editorial me agobia. Y no porque sea de izquierda. Anoche defendía la idea de que la persona es algo más que lo que está predeterminada a ser. Pensaba en una interacción entre lo determinado, el contexto y la voluntad. Y entonces me vuelvo arcaica. No melancólica, arcaica. No hay nada placentero en la desubicación que me armo. Tampoco hay ningún valor moral que defienda. No digo que lo otro sea malo, no prejuzgo ni juzgo, pero tampoco pueden pedirme que me abstenga de opinar. Me quedo ahí: en un lugar que me cuesta inventar entre el relativismo y un falso progresismo intelectual.
Me quedo con una mano cansada de tantos toqueteos y con un cuerpo todavía asutado de tantas extracciones.
No quiero que me raspen más.

22.7.09

Arborecencias injertadas

Hoy estoy surreal. Leer a Huberman sobre Benjamin me deja surreal. Odio la idea de montaje, odio, de manera diferente, a la vanguardia que se mete en todo lo que pienso.
Hoy la fórmula del sueño fue pensar, a las 6 am., que quería escapar de un espacio cerrado. Una plaza, más exactamente. Ahora me doy cuenta: nuevamente el tema del lugar. La persecución era concreta: algo por el estilo de una dictadura. No sé cuántas veces soñe este sueño. Hoy me permitió dormir cuando ni siquiera soportaba la vibración que produce en la espalda un ronquido casi inauidible del otro. Estoy en la óptica, ya no es una plaza. Estamos a punto de escaparnos a una frontera. En la frontera hay montañas. Como en la Novicia rebelde. Tan profundo hay que escabar. Estamos en el momento de irnos. No entiendo por qué mi mamá se queda (ahora sí entiendo: la obsesión con el trabajo, con el mostrador). Mi papá dice que vendrá después. Es decir, estoy por irme con mis hermanas, está Cecilia, no hay rencor. Pero justo llegan, no se quién, pero llegan. La agarro entonces a Lucía, que es bebé, y las llevo a ambas para arriba. Me asomo como por una balustrada vieja, esas que las casas antiguas tienen en las terrazas, como copas redondeadas. Están también ahí.
Otra vez me van a sacar un pedacito. Otra vez van a analizarlo. No entiendo por qué mi cuerpo no me quiere y produce esas excecrencias justo ahí. Siempre son relieves, se ven, rompen la normalidad a traves de una rogusidad deformante. Esta vez sacarlo no implica cortar un pedazo de lo que soy sino sólo una lengüeta y luego un raspado ¿van a raspar lo que soy?
Empezé a escribir a partir de la morfología vegetal de Benjamin: aglomerado, asperges, detumescencia, erizamiento de superficies. Heurística de la eficacia alegórica de las formas naturales. Acá no hay alegoría ni azar. Sólo dos fotos asquerosas (que a cualquiera le parecen asquerosas) en donde lo que sobra aparece en negro. Ahí. Adentro. Sin titilar. Me da vergüenza escribir la refencialidad

15.7.09

Estado de felicidad

Cuando uno (en este caso yo) está feliz, escribe cosas como de autoayuda. Es como decir que te comiste el sandwich perfecto o que sentís el olor a salsa que viene de la minúscula cocina-comedor.
Entonces.
Estoy feliz.
Tan feliz que mi analista me manda a casa después de 15 minutos en los que le cuento que estoy empalagosamente feliz. Me pregunta dónde pienso que di el salto. No tengo ni idea. Lo que se me ocurre, pero no lo digo porque suena asquerosamente conductista (aunque cuando ella me dice, ves cuando haces lo que querés y no lo que los otros quieren tanmbién suena asquerosamente Cohelo): di el salto cuando escuché que un tenista famosos juega punto por punto porque si pensara en el partido completo no podría jugar.
Podría llenar las próximas páginas de una cantidad de palabras terminadas en -mente (ni gerundio ni adverbios, típico, todavía no entiendo porque a mí me suenan bien).
Voy a hacer algo más obvio, más vulgar (la felicidad habilita a eso, aunque también es para poner una restriccióm, el concepto de las palabras en -mente eran creo aún más obvio). Un manual de autoayuda (ahora que lo pienso esta puede ser una nueva sección del blog "autoayuda").
1) No siempre podés pensar en cómo ganar el partido completo, hay que encontrar un delicado equilibrio entre el punto y el game
2) Preocuparse no es ocuparse. Pensar siempre en lo mismo no garantiza mejores resultados, aunque uno crea que sí. Esto no implica un elogio del ocuparse sino una detracción contra el preocuparse. La imagen sería: no hay que poner todos los huevos en una canasta o toda la leche en el mismo cántaro.
3) A veces hacer lo que se quiere tiene buenos resultados. Está más bueno equivocarse haciendo lo que decidimos que era lo mejor para hacer que equivocarse haciendo lo que los otros pensaban que era mejor. De nuevo, no es un elogio al placer egoista sino un aliento a la decisión propia.
4) Siempre hay alguien mejor. La formulación correcta sería: ¿acaso importa?

Supongo que se entiende. Entre líneas, hablo en serio (patéticamente en serio).

9.7.09

Deadline

Cuando fui a Tanti, todos hablaban de irse a vivir a Tanti. Yo ahí, ameba, sin entender por qué no podía sumarme a la ilusión o el delirio colectivo. Una extraña sensación de claustrofobia en un lugar increiblemente abierto: supongo que era de eso de lo que tenía miedo. Sin duda, me gustan las vacaciones en el campo, en las sierras, con mi Coetzee dejado debajo del brazo y las excursiones a no sé dónde sin destino reconocible. La posibilidad de tener cactus y, por qué no, guayabas.
Hoy leo a Link. La bronca que estalla en el comentario sobre la estupidez de los medios. Paredón, paredón, reclaman las huestes porteñas. ¿Será lo mismo leer a Link en la sierra?

Pero es la ansiedad que surge de esa misma bronca la que mina el cuerpo, la que lo vuelve pedacitos con puntitos blancos entre las piernas.

No sé, nada, eso, debería buscar alguna frontera entre la infinidad de peros (evidentemente los lugares son siempre un problema, y eso que lo que me hace doler la panza es, fundamentalmente, el paso del tiempo)

25.6.09

51

Lunar: la lengua francesa llama así a esas partículas morenas o negras, algo prominentes, que vienen a veces (y en alguno/a/s con frecuencia) a hacer punto, marca o grano sobre la piel. En lugar de manchar la piel, hacen resaltar su blancura, esto es al menos lo que gustaba decirse en los tiempos en que la nieve y la leche servían de comparativo por excelencia para la piel de las mujeres. Éstas se ponían entonces, en caso de necesidad "lunares postizos" de terciopelo sobre las mejillas y sobre los pechos. Hoy gustan las pieles más morenas, tostadas o bronceadas, pero el lunar guarda su atractivo: señala la piel, baliza su extensión y la configura, guía el ojo y actua sobre él como una marca de deseo. Por poco, nos gustaría decir que el lunar es un germen de deseo, un minusculo trazado de intensidad, un corpúsculo cuya tez oscura concentra la energía del cuerpo entero, como lo hace también la punta del seno.

Jean-Luque Nancy, 58 indicios sobre el cuerpo

¿Qué pasa si te ataca un índice?

Tengo miedo de que mi indice me ataque. Y no metafóricamente, es decir, que sea usado en mi contra, sino literalmente: tengo miedo de que mi índice me ataque. Como tiene cuatro páginas, podría tener dos brazos y dos piernas, materializarse como un pequeño monstruo de papel con sus bordes afilados y cortarme la cara. Supongo que para eso tendría que imprimirlo (¿qué peso material puede guardar lo virtual?). Si el sueño de Martín Fierro era más que transparente, todavía no logro entender al mono que corría por el borde de la ventana de Maipú. Ahora tengo ratas, supongo que por eso el mono no vuelve, lo extraño. Extraño todo.
Mi pequeño Frankestein de papel, ahí chiquito, humilde. Ahora le tengo ternura. Nadie fue atacado por un índice de papel. Sí por barriletes (la asociación libre en análisis está logrando maravillas). Creo que nos habíamos ganado un frasco con unas frutillas pintadas horribles. Mi papá me dijo, entre indignado y consolador, que mereciamos el premio a otra cosa. Lo mismo me dijo con la bandera en el secundario. Por suerte, luego obtuve otro reconocimiento. Ya sé! tal vez sea la medalla la que me ataque. Una buena medida sería intentar venderla ¿cuánto dinero te dan por una medalla gorda, redonda, inservible? ¿aumenta si la acompaño con la foto del diario? Igual no da tanto miedo, con sus bordes de canto.
Mi pequeño Frankesitein de papel. No tengo un perro para acariciarle la cabeza y mi idea de ponerles un resaltadorcito a las ratas en el lomo para que me hicieran companía no está dando resultado. Tal vez podría acariciarle la cabeza al índice. Suena algo sexual, no sé, largo y cabezón. Acariciarle la cabeza al índice.
Las posiciones están tomadas. Siempre, siempre, siempre son posiciones éticas (y políticas). Hay momentos en que reclamar una inocencia me suena demasiado a lo que Viñas llamaría un entre-nos de la clase. Con J. inventamos un mundo, y mal que mal estamos orgullosos de ello.

13.6.09

III

Yo no espero que él me llame. Pero si hay algo que aprendí en análisis es que tengo que cerrar historias. Si mi psicologa me viera hoy estaría orgullosa

Pero si ni siquiera empezó

No importa. Yo tengo que cerrar igual. Le voy a mandar un mensaje y no voy a responder nada que llegue después de las doce de la noche. Nada.

23.3.09

Jugo de naranja

Ok. Cinco minutos después de irse, él sube, todo transpirado, y me regala un juguito de naranja. De esos que vienen en cajita azul. Despues de ocho años, eso es el sentimiento en acto.

11.2.09

Entender

Cuando alguien dice "no sabés cuanto te entiendo" se siente un resto de empatía. Un haber estado antes ahí que autoriza al hablante. Y sin embargo, si yo declaro no querer perder el exterior, tal estar ahí no exite. No existe, porque hay que leer un autor que se deleita desarmando los espacios cuando lo que más se necesita es armar uno.

Estar ahí es ver a Rosario convertido en un mapa. Con su zonas rojas, verdes, azules e inimaginables. Es verme yo tomando el colectivo hacia exactamente sé donde sin saber la forma material del final. Es espiar las cortadas viendo la alturas de las casas y los árboles, imaginando la siniestra pobreza o arrebato de cartera (o de notebook, al caso da lo mismo o no) que te auguran que se esconde detrás de cada calle, de cada avenida, de cada vuelta.

¿Por qué pienso el dormitorio de rojo y le compro ventanitas a mi mascotita virtual?

Yo se exactamente donde se cortan las lineas y cuales corren paralelas y cuales perpendiculares. No estoy muy segura, eso si, de que sirva para algo. ¿Cuántas tarjetas de colectivo voy a tener que gastar?

5.2.09

II

"Me pasás una moneda".
La chica, que llenaba con detergentes el estante inferior de la góndola del supermecado, se irguió acomodándose el pantalón.
Caminó hacia las cajas.

Juliana ¿manualidades?

Estoy intentando trabajar sobre una novela de Chejfec. No deja de sorprender nuevamente la premonición arltiana: en el 92 escribía sobre la pauperización de la ciudad, sobre casas precarias construidas en las azoteas de otras casa y de edificios. Hay una escena: los futuros habitantes esperan que (unos hombres) le terminen de construir su casa, para eso han apartado antes todo lo viejo que usurpaba el terreno virtual.

Siempre tuve una atracción indefinible hacia la reconstrucción. Me atran las tramas (muchas veces edulcuradas por la solicitud hollywoodense) en que x empieza con un espacio mínimo que va reconstruyendo con ingenio y los pocos recursos con lo que cuenta. Soy fan de Robinson Crusoe y supongo que hay algo de eso en mi atracción por Lost (por eso también tal vez me gustaban más las primeras temporadas, en las que debían casar jabalies y construir las tiendas (en el español neutro de las traducciones oficiales (como ahora bajo los capítulos de internet ese español se diversifica: del español español al español mejicano gana el que suba antes los subtítulos))). También me podría pasar horas mirando Extreame Makeover. Siempre, siempre que entro a un lugar evaluo sus potencialidads de transformación. Qué es lo que se puede construir, qué es lo que se puede pintar, qué es lo que se puede derribar. Lo que no entiendo es por qué no hago manualidades. No tengo una opinión formada sobre los programas de manualidades, sí sobre las personas que las realizan exponiéndolas como un valor. Mi habitáculo actual no lo permite, quién sabe tal vez en un espacio mas grande tendría una maceta con especies y haría botellitas de vinagre con albahaca utilizando los envases de Pronto.

De repente estoy ahí, en el espacio que ocupa un sillón. Pinto macetas para poner en el patio y entiendo la sensación cercana a la satisfacción que me produce ir a buscar los cuadros que ostentan sus gruesos marcos negros sobre el paspartú blanco. No, no es que me tenga que dedicar a eso. No ahorraría nada. Sería volver a poner todos los huevos en una misma canasta.

24.1.09

Bizzio

Formación

La noche será hueca y yo seré casto,
pero bailé.

(Otra vez el mar
alcanza la quietud de tu vestido.
El tiempo se ocupa de mi, que te acaricio, dormida,
y un bisbiseo

hace en tu cuerpo ya encendido la luz
de la luna, que viene, la llames o no).

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Nota

Vine a dejarte las llaves.
Encontré unos libros que te presté hace tiempo.
Me los llevo.
El desorden no es mío.
Lo único que hice fue sentarme unos segundos en la cama.
La ventana estaba abierta cuando entré y ya se habían volado
todas estas cosas

Sergio Bizzio, Te desafio a correr como un idiota por el jardín,
Mansalva, 2008.

22.1.09

I

No se dio cuenta de su ausencia hasta después de su partida.Siempre ocurría de ese modo. Luego de leer un relato bello, continuaba alguna acción maquinal. Esta vez fue sacar la basura. Vio el papel húmedo en el tacho y decidió no reemplazarlo. A veces, no siempre, hacía eso. Veia algo que debía realizarse y no lo realizaba. No había rebeldía en el acto, sólo pereza.
Solamente las grandes tragedias deberían escribirse